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Fuente: Yolanda Alaniz Pasini y Laura Rojas Ortega
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Hoy día, la “industria” mexicana de los delfinarios se ha constituido como una de las más grandes del mundo, y es de gran importancia en Latinoamérica y el Caribe, donde vende animales ya entrenados.

Los delfinarios empezaron a funcionar en nuestro país a principios de los años 70 del siglo pasado cuando una empresa comercial de autoservicio utilizó dos delfines y dos lobos marinos para atraer clientes. Entonces se construyeron los primeros delfinarios en México. Nos referimos al acuario Aragón en el zoológico del mismo nombre, y el parque Atlantis, ambos localizados en la Ciudad de México.

 

Después se construyó el acuario Reino Aventura, hoy Six Flags, donde se mantuvo en condiciones críticas a la famosa orca macho Keiko, que fue rescatado del encierro después de haber realizado la película Liberen a Willie. El animal murió en libertad años después.

Hasta hoy, a más de 35 años de expandir el sistema de cautiverio de especies marinas en México, sólo Keiko ha sido rehabilitado y liberado. Todos los demás delfines y lobos marinos han muerto en sus encierros.

La especie más utilizada es el delfín nariz de botella, el conocido Flipper. La mayoría de estos delfines han sido capturados en México, pero también se realizaron intensas capturas en aguas de Cuba. De igual forma, han llegado dos embarques de delfines japoneses, además de una importación masiva de 28 delfines de las Islas Solomon, que se encuentran al noreste de Australia. Esta última importación reveló las violaciones que se cometen a la legislación internacional vigente sobre la materia.

Además de la orca Keiko, también existieron dos ballenas blancas, llamadas belugas, capturadas en aguas rusas y traídas a México, donde permanecieron en un estanque ubicado en medio de la montaña rusa, en La Feria de Chapultepec. Allí estuvieron desde 1998 hasta el 2005. Fueron llevadas por motivos humanitarios al acuario de Atlanta, en Estados Unidos. Finalmente, una de estas ballenas (Casper) tuvo que ser sacrificada hace justo un año por estar gravemente enferma. De acuerdo a los reportes de los veterinarios tuvieron que matarla porque permaneció durante siete años bajo el ruido persistente y diario de la montaña rusa, lo que le provocó un estrés constante y una grave afectación en su sistema inmunológico. Todo ello desencadenó diversas enfermedades y, finalmente, su muerte.


Para leer el artículo completo visita el siguiente link: http://www.jornada.unam.mx/2008/01/28/eco-c.html

Cría de delfín muerta, aún con su madre, en el estanque donde
fueron abandonados durante el huracán Wilma, Cozumel.


Captura realizada en aguas de Campeche.

Delfín mordido por otro tratando de escapar



Final prematuro en un delfinario

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